25 diciembre, 2007

El Regalo

La fiesta ha terminado. Ella permanece sentada en la penumbra del comedor. El aire tibio de esa madrugada de diciembre se cuela por la ventana entreabierta desde la que se puede ver un retazo del mundo allá afuera.Ella observa algún auto que pasa, algunos vecinos que están volviendo a sus casas, en la otra cuadra todavía se escucha la música de algún baile, uno que otro perro ladra asustado por el estallido de algún cohete retrasado.
La casa está en silencio, tibia y revuelta, y ella está allí, inmóvil mientras las parpadeantes lucesitas del árbol le colorean la mitad de la cara. Poco a poco
siente cómo el cansancio le va ganando cada centímetro del cuerpo; ha sido un largo mes, una larga semana y un largo día.

-Y después de todo... ¿qué me ha quedado?- piensa.
-Nada- se responde tratando
de reprimir las lágrimas y esa sensación de vacío que le aprieta en el medio del pecho.

Desde principios de mes que viene corriendo tras el árbol, las bombitas, las guirnaldas, las luces... Limpiar la casa, adornar, hacer la lista de quienes van a venir...

-¿Qué le regalaré a cada uno?- piensa.

Las compras, todo ha aumentado, ofertas aquí, más ofertas allá, una muchedumbre qu
e la aprisiona por todos lados y el ruido, como de una inmensa colmena en plena actividad. Un murmullo indefinido entremezclado con las tintineantes luces musicales que desgranan villancicos, las risotadas de un Papá Noel deshidratado de calor, los bocinazos de los autos tratando de abrirse paso por entre medio de esa marea humana y los gritos de los comerciantes ofreciendo sus baratijas.

El día de la fiesta se levantó temprano, tenía que estar en todo: el menú, las bebidas, recordar la cita a
algún invitado, los últimos preparativos, todo tiene que estar perfecto, organizado, listo para la celebración de la noche. En algún momento del día una pasada por la iglesia, un rato, rápido, y volver a casa antes que todos empiecen a llegar, antes que empiece la fiesta.

-La pasamos bien- reflexiona.

Todo estuvo a pedir de boca, la comida a punto, la bebida bien helada, los postres. Después el pan dulce, los turrones y las garrapiñadas poblaron la sobremesa para esperar las doce, el brindis y los regalos. ¡Qué interminable para los más pequeños! ¿Por qué tendrá que ser a las doce? Por fin la hor
a soñada llega y mientras el aire se llena de estampidos y el cielo de luces todos se besan y abrazan y los chicos aprovechan la confusión para abalanzarse sobre los paquetes. ¡¡¡Feliz Navidad!!!

En pocos segundos los prolijos envoltorios forman un deforme montón de papel picado y moños destrozados, diseminados por toda la casa. Es un buen momento que tal vez se prolongue un rato entre brindis, bailes, anécdotas, charlas, risas y algunos bostezos. Los chiquitos empiezan a cabecea
r en brazos de sus madres y poco a poco, a medida que avanza la hora, se empiezan a ir, uno a uno, hasta que la casa está otra vez vacía.

Ella despide en la puerta al último en partir y se queda allí un rato mirando las luces rojas del auto que se pierden al doblar la esquina. Cierra la puerta y se da vuelta lentamente para enfrentar el silencio. Empieza a juntar algunas cosas, a apagar las luces, endereza el árbol que quedó medio ladeado después que la horda lo tomara por asalto y llega hasta el sillón cerca de la ventana. Allí se sienta...

-Debería estar feliz- piensa- la fiesta estuvo muy linda, los regalos, lo pasamos bien... Sin embargo...

De pronto se detiene como si recordara algo, se levanta y va hacia el árbol. Inclinada
debajo de las ramas cargadas de bombitas de colores empieza a limpiar el lugar con cuidado, bolsas de nylon, tarjetitas olvidadas por el destinatario, pedazos de envoltorio... Al fin logra liberar el pequeño pesebre de ese lío de papeles y restos varios.

-No, no está... ¡qué lástima, con tanto barullo no nos acordamos de ponerlo...! ¿Dónde lo habré dejado?

Se endereza y mira alrededor... ¿Dónde? Revisa con cuidado encima de los estantes de la biblioteca, arriba del televisor, debajo de la mesita del teléfono...

-¡Ah!- recuerda- sobre la heladera...

Busca un breve momento y allí está, detrás de la panera, entre algunos vasos a medio tomar y algunos trozos de turrón olvidados, una diminuta figura de yeso. La toma con delicadeza, la limpia un poco de migas de pan dulce y restos de maní y la lleva bajo el árbol, al pesebre...

Fue en
el preciso instante en que se arrodillaba cuando lo escuchó, más bien lo intuyó, fue como una sensación, un roce allá afuera en la puerta, alguien susurrando su nombre...

Se sobresal
tó y se incorporó. Entonces lo oyó mejor. Sí, alguien golpeando a la puerta.

-Bueno, que tonta asustarme así... Seguro es alguien que se olvidó alguna cosa...

Aún a pesar suyo se acercó lentamente a la puerta.

-¿Quién es?- la voz le salía desagradablemente extraña, asustada...
-Por f
avor, no temas, nada más vine a traerte un regalo, un regalo especial... Soy Jesús.
-¿¿¡¡ Jesús ¡!?? ¿Está usted bromeando? ¡Yo no conozco a ningún Jesús y ni sueñe que le voy a abrir la puerta!
- Entiendo tu sorpresa y tu desconfianza, tal vez si hablamos un poco cambiarías de opinión... En cierta forma ya me conocés, solo que te has quedado en lo anecdótico... Mirá esa figurita que tenés en la mano me representa cuando nací, pero esa es sólo parte de la historia. Fue necesario que pasara así, era parte del plan, pero la cosa no terminó allí, hubo mucho más y hay mucho más aún ahora. Vine a ofrecerte mi amistad.


Ella está tiesa detrás de la puerta. Sus ojos van del pequeño bebé en la palma de su mano que le sonríe tendiéndole sus bracitos regordetes, a la figura que se vislumbra a través de los vidrios de la puerta, recortada sobre la luz de la vereda. ¿Sonreiría también?

-La verdad es que no sé que decirle. ¿Cómo conoce mi nombre? ¿De qué regalo me habla? ¡Esto es una locura, debo estar volviéndome loca! Si usted es quien dice ser, entonces es Dios... ¿Cómo Dios puede interesarse en ser mi amigo?
-No, no estás loca, y tenés razón en cuanto a que soy Dios. Pero no soy un Dios lejano e indiferente; quiero ser tu amigo y tu Señor, por eso estoy aquí. Yo te conozco, no sólo tu nombre sino todo sobre vos, tus sueños, toda tu vida, todo... Estabas tan sola, te vi tan triste después de haber trabajado tanto para celebrar mi nacimiento que, bueno, vine a traerte mi regalo.

-No sé, no estoy segura...
-Sabés, esta época es un poco extraña, todos están pendientes de los festejos pero son tan pocos los que se acuerdan de mí... Son tan pocos los que realmente saben qué están celebrando, a quién están recordando... Están tan aturdidos por tanto ruido, tanto afanarse por las cosas, tan encerrados en ellos mismos.
-Bueno, muchos se acuerdan...
-Si, es cierto, pero por lo general recuerdan la historia y se quedan allí. Olvidan que nacer aquí fue relativamente fácil comparado con lo que vendría después. Eso sí que fue bravo, fue una decisión difícil, pero lo hice justamente para poder estar hoy aquí ofreciéndote cambiar tu vida. -¿Cambiar mi vida?
-Exactamente, y cambiarla por completo... Lo que yo te ofrezco es el regalo más grande, el más valioso, no se puede comprar en ningún hipermercado... Te ofrezco vida eterna, perdón, paz en tu corazón, alegría, esperanza, nuevas metas, guía, fortaleza, seguridad, afecto, compañía... ¡tantas cosas!
-Pero aún así, no sé... Todo esto es tan extraño...
-Bueno, eso es lo que yo te ofrezco, pero la decisión es tuya. Yo no puedo forzar tu puerta, yo no puedo obligarte a darme un lugar en tu vida.

-No sé...
-Sabés, hace casi dos mil años no hubo lugar en ninguna posada para que yo naciera, todas las puertas permanecieron cerradas. Aún hoy muchas siguen así. Pero yo no me doy por vencido, sigo llamando, algunas se abren... ¿Me abrirás?
-Yo...
- Vamos, ya no dudes, te amo y quiero que me conozcas, quiero ser parte de tu vida...

De pronto parece que todo se ha vuelto terriblemente silencioso, ya no se oye ni el tráfico, ni los perros, ni los cohetes, ni la música trasnochada... Silencio. Parece como si el tiempo se hubiera detenido. Podría decirse que hasta los ángeles han contenido la respiración.

Ella casi no se mueve, siente una revolución en su interior, temor... pero algo le quema allí adentro, en el pecho, donde antes sentía ese vacío tan parecido al infinito, una llamita, una esperanza, una plenitud que ni siquiera había soñado.
Algo ocupa ahora ese lugar y no quiere que
se vaya, no quiere perderlo, no quiere sentir el vacío nunca, nunca más...
Lentamente su mano se extiende para asir el picaporte..., está húmeda de transpiración y tiembla ligeramente mientras gira la llave... y su corazón se abre, tan despacio como su puerta, para dar paso al comienzo de una nueva vida.

19 noviembre, 2007

¿Ser o Tener?

Abraham fue y tuvo.
Moisés dejó de tener para ser.
Elías siempre fue y nunca tuvo.
Caio Fabio


¿Cuál es el común denominador de Dios?

Ser

Según la escala de valores de Dios, importo por lo que soy y no por lo que tengo.

Según la escala de valores de la sociedad, si no tengo no valgo nada.

¿Es para sorprenderse lo que pasa en este mundo que camina de espaldas a los principios de Dios?

14 noviembre, 2007

"No tenemos en nuestras manos la solución a los problemas del mundo, pero frente a los problemas del mundo, tenemos nuestras manos"

Mamerto Menapace

05 noviembre, 2007

Creer

Y todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis”
Mateo 21:23


Creyendo. Creyéndote a vos.
Creyendo no sólo que lo podés hacer, sino que querés hacerlo; que está dentro de tus propósitos, que es tu voluntad que así sea, que así suceda.
Yo también quiero. Quiero que pase tal como vos lo planeaste.
Y me doy cuenta que sólo por tu poder es posible, sólo por tu Espíritu es posible sepultar mi pobre humanidad llena de inseguridades, de miedo, de fluctuaciones y de cobardías, para levantarme y resplandecer.
Sólo por tu poder perfeccionándose en mi debilidad.
Sólo por tu voz diciéndome que me esfuerce y sea valiente; que salga, que pelee y que deje de sentirme tan débil, tan condicionada por las circunstancias, tan frágil, tan necesitada de una fe renovada, tan sola frente a la oposición, los montes y las fortalezas. Y que de una vez por todas alce mis ojos alrededor y mire que son más los que están conmigo que los que están contra mí. Y creerte. Creerte a vos.

Fe

“Y se acordó Dios de Noé...” Génesis 8:1

En estos momentos en que parece que ya el agua me llega al cuello, que no hay salida ni solución; puedo descansar en el hecho de que vos te acordás de mí. Eso me habla de tu fidelidad, de tu presencia siempre cercana, de tu preocupación por mí o, mejor, de tu ocupación.
Porque la verdad es que vos te ocupás de mí, de mis cosas, de los más pequeños detalles, de mis necesidades y mis más íntimos anhelos.
Ninguno de mis deseos te es oculto, como no lo son tampoco mis pensamientos. Aún cuando la tormenta arrecia y no se vislumbra nada más que olas oscuras, tu presencia es el faro que enseña la ruta segura para llegar al puerto.
Vos te acordás de mí, tal como esa vez te acordaste de Noé que flotaba en medio de la nada, apenas aferrado a una cáscara de nuez, confiando en tu promesa.
Vaya fe.
El confiaba en vos.
Te creyó a pesar de las burlas, el desprecio y la descabellada idea de construir un barco en medio del desierto.
Como quisiera tener esa misma fe, para aferrarme a tus promesas aunque no vea nada...

04 noviembre, 2007

¿Me salvarás?

“Muestra tus maravillosas misericordias, tú que salvas a los que se refugian a tu diestra...”
Salmos 17:7

¿Me salvarás?
¿Me salvarás de mi pereza, de mi tendencia a la depresión y al desánimo?
¿Me salvarás del temor, de la autocrítica destructiva, del perfeccionismo paralizante?
¿Me salvarás de mi temperamento, de mis ataques de furia y mis sentimientos de culpa?
¿Podrás hacerlo? ¿Podrás sacar algo bueno de aquí, aún a pesar de mí misma?
Para vos no hay nada imposible. Lo sé. Nada...
Nada se puede oponer a que se cumpla tu propósito, y vos tenés uno conmigo.
Empezaste la buena obra y la terminarás.
Estoy en camino, estoy siendo procesada y cambiada, modelada a tu imagen, poco a poco.
Sí, me salvarás.
Ya lo hiciste cuando te di lugar en mi corazón. Entonces comenzó el proceso, fuiste ganando terreno, enamorándome... Y ahora mi corazón te pertenece. Todas, todas las cosas viejas que me ataban pasaron, se fueron, no están más. Fueron hechas nuevas, por tu Espíritu.
Porque sólo tu poder puede impulsarme más allá de la flojera y el cansancio.
Sólo vos podés cambiar la depresión y el desánimo en esperanza y fe.
Solamente vos, el perfecto amor, podés erradicar para siempre el temor.
Únicamente vos podés enseñarme a verme a través de tus ojos, a través de tu sangre.
Sólo vos podés lograr que me reconozca con el valor que me otorgaste cuando diste tu vida por mí.
Nadie más que vos puede equilibrar mis emociones, fortalecer mis debilidades y suavizar mis asperezas.
Solamente vos podés perdonarme y hacer que reconozca ese perdón...
Y que perdone...
Y que me perdone.
Si, vos me salvarás..., me salvaste..., me salvás... Cada día...
Mi Salvador.

Por mi...

“... Jesús gritó con fuerza: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Mateo 27:46

El Padre y vos eran uno.
Me cuesta imaginar lo que habrás sentido cuando él apartó la vista, cuando el pecado que recayó sobre vos te separó de esa comunión perfecta que existía desde el principio, desde la eternidad.
Los golpes, el escarnio, la crucifixión misma, el dolor de tu cuerpo, no deben haber sido comparables al dolor de la separación.
Y del dolor de esa soledad más que absoluta surgió ese grito como la expresión de tu alma en agonía.
Eso era lo que yo vivía hasta que acepté tu sacrificio, consumado para que mi propia agonía se diluyera en la tuya.
Vos sufriste el dolor para que yo no tuviera que sentirlo...
Soportaste el castigo para que yo no tuviera que sobrellevarlo...
Aceptaste ese tremendo instante de separación con el Padre para que yo pudiera acercarme y unirme a él.
Vos, que no podías morir, aceptaste encerrar tu grandeza en un cuerpo humano con el propósito de hacerlo.
Te recubriste de carne y te sujetaste al tiempo para introducirme en la eternidad al lado tuyo.
Y me otorgaste un valor incalculable pagando el precio de mi vida con tu sangre.
Moriste para que yo tuviera vida.
Moriste por mí.Por mí...

Cartas...

En ocasiones me he preguntado si estará bien que te escriba.
No lo sé...
No es que esto remplace la oración, pero es distinto. Diferente.
Es como si, a través de mis dedos, fluyera lo que hay en mi alma con mucha más facilidad que por mi boca.
Parece raro... ¿no?
Digo..., escribirte.
¡Si vos conocés lo que hay en mi corazón aún antes de que pueda hilvanar una frase!
Pero es como que a las palabras se las lleva el viento, aún cuando sé que no dejás de escucharlas y atesorarlas...
Soy yo quien las olvida. Tal vez escribir lo que hay en mi corazón me ayuda a ordenar mis ideas y guardarlas. Así puedo tener presentes tus promesas y tus respuestas a mis oraciones. Al fin de cuentas escribo para mí, vos no necesitás leer esto...
Aunque… ¿sabés? A veces me parece percibir tu presencia, como si estuvieras observando sobre mi hombro a medida que las letras se encadenan una detrás de la otra. E imagino tu sonrisa...
Son mis cartas para vos, un conjunto de palabras con un manojito de mirra que las perfuma para que las recibas como una ofrenda agradable.
Cartas para mi Amado.
Apenas un destello de lo que las palabras no pueden expresar.


Prisionera de la prisa

Horarios, calendarios y agendas.
Programas, compromisos y deberes.
Relojes, alarmas y urgencias.
¿Por qué sacrificar lo importante
en el altar de lo urgente?

Quiero…

estrenar el día en tu presencia
y permanecer allí,
quieta, callada, expectante…

Anhelo…

sumergirme en la corriente de tu Espíritu
y empezar nuevamente la jornada
llena, renovada, exultante…

Necesito…

tu fuerza para enfrentar la vida,
tu guía para transitarla,
tu paz para acompasar mis tiempos
y tu verdad para ser libre.

14 octubre, 2007

Siempre adelante

el Señor Jesús…me ha mandado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo. Hechos 9:17

Saulo comenzó a proclamar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios… Hechos 9:20

Saulo hablaba cada vez con más valor… Hechos 9:22

Saulo… Hablaba del Señor con toda valentía… Hechos 9:28

Saulo fue lleno del Espíritu.
Saulo comenzó a proclamar a Jesús.
Saulo hablaba cada vez con más valor.
Saulo hablaba con toda valentía.

Saulo fue creciendo en fe, en valor y en decisión para cumplir la comisión que le habías dado. Primero como un bebé recién nacido, los primeros balbuceos, los primeros pasos de la niñez. Luego la creciente osadía de la adolescencia y la firmeza de la adultez. Todo un proceso hacia la madurez completa. Un proceso que comenzó con su conversión y no se detuvo. El Espíritu Santo trabajó en él hasta que tu carácter fue formado, hasta que te reflejó completamente.

¿Existe esta misma clase de crecimiento en mí? ¿Un camino siempre ascendente, sin retrocesos, sin desvíos, orientado siempre hacia la meta?

Saulo se entregó en tus brazos para ser tratado y transformado con la misma pasión y la misma determinación con que, hasta poco tiempo antes, perseguía a los cristianos.

¿Qué pasaría si me decidiera a dejar que transformes mi vida de la misma manera absoluta y total?

Maranata

Hagan esto en memoria de mí… 1° Corintios 11:24

Cuando como el pan y bebo la copa lo hago en tu memoria, recordando lo que hiciste, lo que ganaste en la cruz para mí. En memoria, recordando…
¿Realmente recuerdo? ¿En qué punto de la rutina y de la costumbre se perdió el significado de tu sacrificio?
“Cristo murió por mí” puede convertirse sólo en una frase que se repite. Como cuando le digo a alguien “Dios le bendiga” sólo como una fórmula de cortesía, porque ya es un hábito y queda bien.
Que vos moriste por mí es un hecho trascendente que va más allá de los formulismos.

¿Soy conciente de eso? ¿Realmente conservo viva la conciencia de lo que implica comer de ese pan y beber de esa copa? ¿O es sólo un ritual que debe cumplirse cada cierto tiempo?
Tu cuerpo recibió los golpes y el maltrato que debió haber recibido el mío.
Tu sangre fue la que se derramó sobre esa cruz cuando todo el castigo que yo merecía recayó sobre vos.
Eso no es algo que se pueda olvidar, eso es algo que no puede quedar enterrado bajo los escombros de la costumbre.
Vos moriste por mí, te entregaste, te sacrificaste, te quebrantaste, te derramaste.
Vos pagaste el precio que yo nunca en la vida hubiese podido pagar.
Vos pusiste en mis manos este pan y esta copa para que no olvide, para que recuerde, y para que lo anuncie hasta que vuelvas.

¡Gracias!

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.
1ª Tesalonicenses 5:18

Eran como montes rodeándome y amenazando con caerme encima y aplastarme. Escasez. Temor. Incertidumbre. Amargura. Dolor. Duda. Desánimo. Desilusión.
¿De dónde..., de dónde vendrá mi socorro?
Entonces tu voz llegó cómo un silbo apacible en el silencio de la noche: da gracias...
Gracias.
Gracias
Por estar viva, por estar sana, por el aire que respiro, porque tengo qué comer, porque tengo un techo que me cubre, ropa que me abriga, una cama dónde descansar de las fatigas del día, porque tengo trabajo, porque puedo sentir.
Gracias por mis hijos, porque ellos también están sanos y fuertes, porque crecen, porque te aman como yo te amo, por las noches en familia, por las noches en soledad, por el privilegio de conocerte, por poder servirte, por tu perdón, por tu misericordia, por tu compañía, por tu consejo y tu guía.
Gracias.
Por tu sacrificio por salvarme, por tu paciencia, por tu amor, por tu cuidado y protección, por sacar mi vida del pozo, por darme esperanzas, por darme un propósito eterno por el cual vivir.
Gracias por la risa, por la alegría, por la paz en mi alma, por la fuerza, por tu Espíritu, por tu presencia al lado mío todos los días hasta el fin.
Gracias...

La mejor parte

“Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”. Lucas 10:42

¿Cuáles son las cosas urgentes en mi vida? ¿Cuáles las verdaderamente importantes? ¿Qué es lo más costoso que tengo para ofrecerte? Mi tiempo. Mi escaso, recargado y apretado tiempo. Podría tratar de cubrir las necesidades urgentes, podría invertirlo en hacer más o en cumplir con lo mucho que ya hay por hacer. O bien podría tomar la decisión de esa mujer e invertirlo en lo importante. Podría tomar mi agenda y colocar lo importante antes de las mil quinientas cosas urgentes que reclaman mi atención. Y lo importante es el tiempo que pase en tu presencia. Lo más importante. Lo único importante. ¿Cuántas veces lo sacrifico en el altar de lo urgente? ¿Cuántas veces le dediqué mis mejores horas y mis mayores esfuerzos al trabajo, la casa, los chicos, el servicio? Vos estás demandando el primer lugar, el único, absoluto y exclusivo primer lugar. Y a veces se me hace tan difícil aquietarme y concentrarme en buscar tu rostro, en adorarte, en pasar tiempo con vos, en permanecer en tu presencia, callada, esperando oírte... Cuando lo intento parece como si todos los problemas, las preocupaciones y las responsabilidades me cayeran encima como una avalancha. Me cuesta acallar sus voces que chillan y me impiden enfocar mi mirada en vos e inclinar mi oído para escucharte. Y estoy cansada... Estoy cansada de eso... ¿Quisieras tomar todas esas cargas y llevarlas por mí mientras descanso en tus brazos?

Lo mejor viene

“... tú has guardado el mejor vino hasta ahora”. Juan 2:10

Vos guardaste hasta ahora el mejor vino, el bueno, el excelente, el de mejor calidad.
Y estás esperando que sea un recipiente dispuesto y preparado para verterlo todo, en abundancia.
Tu palabra dice que ese vino nuevo y fresco en un odre viejo, reseco, rígido y quebradizo; finalmente se pierde.
¿Cuáles son mis lugares resecos? ¿Cuáles son mis zonas rígidas y quebradizas?
Renová mi corazón de tal forma que sea tierno y maleable, adaptable a tus formas, a tu fluir cambiante. Prepará el recipiente para derramar en él ese vino nuevo, fresco, embriagante.
No dejes que las estructuras que aún subsistan en mi mente sean el dique de contención que impida el fluir libre de tu Espíritu. Derribá los argumentos, los razonamientos, el temor.
Disipá las dudas con el soplo recio de tu Espíritu.
Quiero ser libre en vos, verdaderamente libre. Libre de encasillamientos, libre de mí misma y mi razonable cabeza. Quiero embriagarme con ese vino nuevo, el mejor, el que reservaste para estos días. Quiero revivir el gozo, resucitar al asombro de mi vida rescatada de la muerte, renovar la gratitud y la alabanza, la adoración y la entrega a vos, mi único y suficiente Salvador.

26 septiembre, 2007

Desde el tiempo, a través del tiempo... siempre.

Este es el primer cumpleaños en el que no voy a recibir tu "feliz cumpleaños, gorda"; pero tu recuerdo está aquí, tus palabras están aquí, grabadas en el corazón, escritas en un papel que ya se puso amarillo desde aquel cumpleaños del '76 cuando lo escribiste (1976... ¡cuánto tiempo!). ¿Sabés? En este momento estoy en una encrucijada; entre quedarme atrapada en la nostalgia o mirar hacia adelante, agradecer el pasado, vivir el presente, soñar el futuro. Y, siguiendo tu consejo, dejo que el corazón me guie y elijo lo segundo. Porque sé que "hasta aquí me ayudó el Señor" y cuando miro el presente veo muchas cosas buenas, mucha gente que amo, mucha vida alrededor. Elijo lo segundo porque sé que lo mejor aún está por venir y, fundamentalmente, porque vos y todos los recuerdos que se te relacionan no se han quedado muertos en el pasado; sino que en novedad de vida te proyectaste hacia el futuro, hacia la eternidad. Au revoir (que traducido significa: hasta que nos volvamos a ver).

30 agosto, 2007

Camino abierto

Y el velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo.
Marcos 15:38


¿Cómo se hace para rasgar una tela con la mano?
Pues..., se hace un corte en un costado, luego se agarran los extremos y se da un tirón. Entonces la tela se rasga... de arriba hacia abajo.


La lanza en tu costado hizo ese primer corte,

entonces el Padre tomó los extremos

y tiró…



27 agosto, 2007

La matriz de las palabras

Una página en blanco
es una invitación
y un desafío.
Un compendio de sueños
no expresados.
Una colección de anécdotas
no contadas.
Un universo de palabras
esperando la chispa de la creación.
Un infinito
aguardando ser colmado.



Amor virtual


Ya no lo escribas.
No lo hagas más.
Ya no me basta
con tu amor
en letras de molde,
tu amor publicado,
difundido,
divulgado,
editado,
posteado.
Ya no lo repitas
para convencerte
o convencerme
de ese amor virtual.
Mejor demostrá
que es real…
Con tus actitudes.
Con tus hechos.
Con las pequeñas cosas
de todos los días.
Tal vez entonces
crea
que es verdad.

18 agosto, 2007

Tus manos

En la mayoría de las representaciones que he podido ver te pintan con manos finas, blancas, delicadas, hasta podría decir frágiles. Yo no me las imagino así. No. Imagino que tus manos fueron grandes y fuertes, curtidas, acostumbradas al trabajo duro, a la garlopa y al martillo. Manos encallecidas, ásperas de tanto suavizar la madera, con las marcas de las astillas antes que las de los clavos…

Ese detalle me hace pensar en cuán cercano te hiciste a nosotros. Dejaste el cielo y te hiciste de carne y hueso; y trabajaste, y te habrás martillado los dedos, y quizás hasta te dolió la espalda al final de la jornada. Y, como muchos otros, vos también sufriste la injusticia.
Esto me hace comprender cuánto estás interesado en mi vida, hasta qué punto sos capaz de entender el cansancio, la fatiga, la frustración, el dolor del cuerpo (y también del alma).
Y sé, además, que tu corazón se duele al ver lo que logramos por empeñarnos en hacer las cosas a nuestra manera y no a la tuya.
Y me consuela saber que, cuando en este mundo globalizado y neoliberal la persona pierde cada vez más su identidad y se convierte en un número, un instrumento descartable, un engranaje sin valor trascendente, sin vida propia y sin identidad…, vos todavía me llamás por mi nombre.

14 agosto, 2007

No me gustan las piedras

No me gustan las piedras
que hieren y desangran,
prefiero arrojar flores que iluminen,
que perfumen el alma y la existencia,
que alfombren el camino
y lo hagan suave y colorido.

Y si de descubrir rostros se trata,
prefiero inclinarme al rostro de la vida,
de la realidad que está ahí
y es posible descubrirla,
porque no es sólo lo que se ve
pues supera los sentidos.

Prefiero los cantos de fe,
porque en estos tiempos
hay que atreverse a conservarla,
cultivarla y vivirla,
ya que es lo único que nos salva
y nos da sentido.

Pequeñas cosas...

A medida que el tiempo pasa se instala una especie de nostalgia, añoranza. De pronto los recuerdos que vienen a mi mente cobran una nueva dimensión, mayor fuerza e importancia. Pequeñas cosas, como canta Serrat, que me toman por asalto y empujan a rememorar cosas pasadas, viejas, perdidas en el tiempo. Episodios de la niñez, pequeños detalles, una melodía en la radio a cierta hora de la mañana, un aroma, un sabor… Sutiles disparadores que desencadenan los recuerdos de una manera vívida y actual. Y uno quisiera poder volver atrás, poder abrazar a quien ya no está, reparar lo que se dañó o revivir lo que fue bueno y hermoso. El tiempo que pasó. El tiempo que sigue pasando, ineludible. Tal vez éste sea uno de los primero síntomas de que estoy envejeciendo. A pesar de que no pierdo las expectativas por lo que hay por delante, de pronto ese bagaje de historia cobra una importancia nueva. No quiero decir con esto que ya me sienta acabada. Claro que no. Hay todavía muchas cosas que espero para mi vida. Pero es como si hoy, a la mitad del camino, mi alma se hubiese sensibilizado y captara más fácilmente esas señales. Me gustaría engarzarlas como si fueran piedras preciosas, unirlas como las perlas de un collar que rodee mi cuello y abrigue el corazón; lo proteja de las inclemencias del tiempo presente con los algodones tibios de los recuerdos. No quiero caer con esto en la repetida generalización de que todo tiempo pasado fue mejor. No. Hubo momento duros y difíciles también entonces; y hoy, a pesar de todo, es un buen tiempo. Pero… ¿por qué desechar lo bueno de ayer condenándolo al olvido? Recordar con ternura me ayuda a conjurar esa nostalgia y me anima a dar gracias a Dios porque, hasta aquí, Él me ha sostenido.



13 agosto, 2007

Alberto Mario Alvarez, "Quiche"

El 1 de julio de 2007 papá se fue. Apenas unos pocos días después de aquel domingo que compartimos se fue a casa.
Estoy triste, pero a la vez me siento en paz. Es la paz, Señor, que viene de saber que siempre tuviste todo bajo control y que ahora está con vos.
Mirando hacia atrás puedo ver tu mano en cada cosa, cómo lo sostuviste hasta ese 1 de agosto de 2006 cuando por fin se entregó a vos. A partir de entonces, estos últimos once meses, comenzó el declive, pero lo principal ya había sucedido.
El último domingo que estuvimos con él, el Día del Padre, fue su despedida; rodeado por sus hijos, sus nietos, su bisnieto y la mujer que lo acompañó a lo largo de toda su vida. Él vio sus generaciones. ¡Gracias por atender a las oraciones que por tantos años hicimos por papá! ¿Qué más puedo decir? Gracias por llevarlo a tu lado. Gracias por la convicción profunda de que papá está con vos y que allá volveremos a encontrarnos un día. Aunque esté triste, aunque cueste entrar a la casa y ver su huella en cada cosa, en cada detalle; aunque las lágrimas asomen con cada recuerdo. A pesar de todo gracias porque has sido fiel y has extendido tu misericordia sobre él.
Papá, no es un adios, lo sé, es solamente un hasta luego...

"Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá", Juan 11:25

"Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron" Apocalipsis 21:4

08 abril, 2007

¡Victoria!


Sin la menor sombra de duda, la resurrección de Jesús ha sido, es y será la mayor victoria de toda la historia.
Él venció al pecado y a la muerte; y vuelve a buscarnos.
Él viene pronto.
¡Ven Señor Jesús!
El que da testimonio de estas cosas dice: "Ciertamente vengo en breve"
¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!
Apocalipsis 22:20

07 abril, 2007

Abrazo y perdón

Imagino un viaje a través del tiempo, retrocediendo unos dos mil años en el pasado, hasta la antigua Jerusalén. Es la Pascua. Pero no es una Pascua cualquiera. La ciudad está convulsionada. Jesús ha sido condenado a muerte por crucifixión.
Me gustaría aprovechar esta oportunidad para observar de cerca a la gente de aquel entonces. ¿Cuáles fueron las actitudes que tuvieron los personajes que rodearon a Jesús?
Allí está Judas, el que se mueve en las sombras, escondido. Para él significan más unas pocas monedas que los valores morales, afectivos y espirituales. También está Pilato quien, eludiendo el compromiso, da luz verde a la injusticia, pudiendo hacer justicia. Veo también a los líderes de la ciudad y los sacerdotes que, desbordando de envidia y de celos, llegan hasta el engaño y el asesinato con tal de mantener y resguardar su posición. Los soldados someten al inocente a las peores vejaciones, a la burla y al escarnio. Hasta los ladrones crucificados junto con Jesús lo insultan. Y la multitud se presta al juego. Muchos han sido bendecidos pero no defienden al justo. Empujan a la muerte a quien los ha sanado y liberado. Piden la libertad de un criminal y condenan al inocente. Los discípulos se dispersan y Pedro niega conocerlo.
Pero hay también quienes tienen actitudes positivas. Las mujeres, por ejemplo, cercanas hasta último momento. Dentro de tres días, ellas serán las primeras testigos de la resurrección. Marta, hermana de Lázaro, sirviéndole continuamente. María, derramando perfume de nardo puro como un acto de adoración. La mujer de Pilato, apelando a la justicia. María, esposa de Cleofás, y María Magdalena; amigas y seguidoras fieles. María, la madre del Señor, velando junto a la cruz, despedazada por el dolor y la injusticia. También están José de Arimatea y Nicodemo, reclamando el cuerpo de Jesús a las autoridades para darle sepultura.
Personajes negativos y positivos. Actitudes opuestas, destinos opuestos.
Y aquí estamos de nuevo. Siglo XXI. Y, tal como entonces, es la Pascua. ¿Cuál es nuestra actitud? ¿Cuál es nuestra actitud ante la cruz? ¿Cuál será nuestra actitud ante el sacrificio de Jesucristo?
Hoy en día Judas parece tener muchos seguidores. Aman la traición, el engaño, el andar en las sombras, venden sus principios por unas cuantas monedas. Muchos otros son como Pilato. Prefieren no tomar partido, mantenerse neutrales y observar cómo transcurren los acontecimientos. Otros, como las autoridades y los sacerdotes de entonces, se preocupan tanto por su posición que recurrirán a cualquier cosa con tal de preservarla. Hay muchos también que se burlan o que, como los discípulos, siguen a Jesús de cerca pero aún no han tomado un verdadero compromiso en su corazón. Esos son los que abandonan a la primera dificultad, los que se esfuman, los que niegan.
Pero sería injusto no reconocer que también hay quienes, como aquellas mujeres, reconocen en Jesús al más positivo personaje de esta historia; y su reacción es de amor, de adoración, de gratitud, de fidelidad. Todavía quedan algunos como José de Arimatea o como Nicodemo, que son capaces de jugarse por aquel que estuvo dispuesto a soportar tanta bajeza y tanta injusticia sin odio, sin rencor, sin amargura. Y a perdonar. Eso es lo más impactante. En esa instancia terrible Jesús perdonó. Perdonó la traición, la indiferencia, la mentira, la envidia, los celos, la cobardía… Y aún perdona. Aún perdona hoy. De la misma manera. No importa lo que hayamos hecho, no importa cómo hayamos vivido, no importa cuáles hayan sido o sean nuestras actitudes. En aquel entonces, lo que mantenía sus brazos abiertos y fijos a la cruz no eran los clavos, sino su amor por las vidas. Y hoy sus brazos siguen igual de abiertos, ofreciendo un espacio para el abrazo y para el perdón.

06 abril, 2007

Pascua

Un número rojo en el calendario, cuatro días para evadirse de las cotidianas obligaciones y presiones de la vida. Relajarse, no pensar, descansar...
Una buena excusa para el turismo, buena época, clima agradable. Multitudes hormiguean en las terminales de todos los medios de transporte, gente que va y viene. Lindas mini vacaciones...
Una excelente ocasión para mostrarse piadoso, tal vez la única en el año. Un poco de vida religiosa, algún vago recuerdo del significado real. Guardar las apariencias, cumplir el rito y adiós... hasta el año que viene.
Un agradable momento de camaradería en la oficina. Ese compañero que casi ni nos dirige la palabra de pronto aparece deseándonos “felices pascuas”. Gracias. Tal vez el lunes nuevamente ni nos salude. Pero así es esto del “espíritu de las fiestas”.
Un despliegue colorido de huevos decorados y conejos importados de quien sabe qué tradición. Dulces y codiciados golosamente por grandes y chicos, nadie sabe qué significan, pero son tan ricos...

El mundo sigue girando inmutable, ajeno a todo, arrastrando a todos en su derrotero. La música sigue atronando desde todos los parlantes, las noticias nos siguen mostrando las mismas imágenes de todos los días. Violencia aquí y allá, una secta de locos que se suicida para irse con los ovnis, el accidente nuestro de cada día, las denuncias y contradenuncias de la corrupción. Las imágenes se suceden a un ritmo enloquecedor, es como si quisieran contagiar ese ritmo, esa febril agitación a todo el mundo. Rápido, rápido, rápido... no vaya a ser que entre un segundo y otro quede alguna fracción que nos permita pensar... recordar...

¿Quién recuerda hoy al hombre de la cruz? ¿Quién recuerda lo que ha hecho?

Muchos recordamos, muchos elegimos detenernos y apartarnos de este enloquecido mundo que vivimos para recordar...
Recordar el huerto, las gotas de sangre en sus sienes, la oración agonizante y la decisión. Podría haberse negado. Pero no lo hizo. Eligió ser obediente y obediente hasta la muerte. Por nosotros...
Recordar cómo lo traicionaron, cómo aquel que se sentó a su mesa lo entregó con un beso, cómo aquellos que lo seguían desaparecieron de su lado y alguno lo negó...
Recordar los insultos y las afrentas que recibió inmerecidamente. Los azotes, el escarnio, la vergüenza, el dolor. No eran para él, no debieron caer sobre sus espaldas pero allí fue donde los soportó...
Recordar que murió, con los brazos abiertos, la muerte más horrible, la más vergonzosa, cargando sobre él todo el pecado, la inmundicia, la maldad...
Recordar que aún sin merecerlo recibió el castigo, pagó el precio, saldó la deuda...
Recordar que resucitó, que está vivo, hoy, ya, ahora, real, actual, eterno...

Cuando él oró por los que habrían de creer también los tenía en mente a los que hoy ni se enteran de que este no es sólo un fin de semana largo más, ideal para el turismo. Pensaba en esos que cumplen con el ritual que les marca la tradición, pero vacío de significado. Veía a ese compañero de oficina antipático que ni siquiera se digna saludarnos. Pensaba en esos que se ensordecen con la música para no pensar en el vacío que los aturde por dentro. En esos que hoy apelan a la violencia, encendidos de odio, por ideales que al fin de cuentas no llenarán nunca el vacío del corazón... Pensaba en los engañados, en los aprisionados por la mentira, quitándose la vida por una quimera de ciencia ficción. Pensaba en ellos también cuando consumaba el sacrificio.

Depende de nosotros. De los que recordamos. Él nos encargó la misión. Es nuestra responsabilidad que la noticia se sepa, que el olvidadizo recuerde, que el mundo se entere... Es nuestra tarea, ser luz y ser sal, para que cada año sean más los que se sumen para adorarle.

02 abril, 2007

Malvinas, 25 años después...





Vista del cementerio argentino
en las Islas Malvinas.



"Las madres de los soldados muertos son jueces de la guerra."


B. Brecht

Una decisión trascendental


Dijo Elizabeth Stone...
"Tener un hijo representa una decisión trascendental. Es decidir que tendrás para siempre el corazón caminando por ahí, fuera de tu cuerpo."

18 marzo, 2007

Velen y oren...

Videos que vale la pena ver...







El camino


Me mostraste el camino de la vida, y me llenarás de alegría con tu presencia. Hechos 2:28

Me mostraste el camino de la vida cuando estaba perdida e iba sin rumbo en medio de la oscuridad.Allí, al borde del precipicio, me encontraste y me llevaste a lugar seguro.Me pusiste sobre el camino de la vida, el que conduce al Padre.Y me salvaste, convenciste a mi corazón de la importancia de limpiarse de tanta basura acumulada.Me llevaste al arrepentimiento, a reconocer mi necesidad, a anhelar la presencia de quien, hasta hacía sólo unos momentos, no conocía.Pusiste tus manos sobre mis hombros cansados y me diste la vuelta para que viera la luz que brillaba a mis espaldas.Y cuando la ví la quise.Ya no pude volverme, ya no quise cerrar los ojos para no perder la maravilla.Me enamoré de la vida, me enamoré de vos; tu propio amor vino sobre mí, tu propia sangre me limpió total y completamente.Me mostraste el camino de la vida y me llenaste de alegría con tu presencia.



¿Te alegraste?


“Alégrense conmigo porque ya encontré la oveja que se me había perdido”.

Lucas 15:6

“... hay alegría entre los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”.

Lucas 15:10

¿Te alegraste?

¿Te alegraste cuando me encontraste?

¿Tus ángeles hicieron fiesta por mí?

¿Me tomaste entre tus brazos cuando me viste cansada, herida, magullada, desesperadamente perdida?

Jesús, dulce y amado Jesús...

Yo merecía el castigo que sufriste por mí, pero no hiciste reproches.

Nunca pensé que alguien pudiera amarme así, sin embargo lo hiciste.

Me amaste aún cuando yo te ignoraba y hacía mi vida a mi manera; a mi torpe, necia y desastrosa manera.

Lo arruiné todo... ¿verdad?

Anduve tropezando de un lado a otro lastimándome, hiriéndome, incapaz de encontrar el camino.

Pero vos me encontraste, vos saliste en medio de la noche de mi desesperación a buscar entre los barrancos, hasta que escuchaste los quejidos al borde del precipicio.

No quiero pensar hacia dónde iba, no quiero pensar hasta dónde habría llegado, qué tan bajo podría haber caído, qué tan lastimada hubiera estado...

No quiero imaginarlo, sólo quiero derramar mi corazón en gratitud porque allí estuviste para impedirlo, para cargarme sobre tus hombros, para curar mis heridas con vino y suavizarlas con aceite. Cerca, muy cerca, para rescatarme de las ruinas de una vida vacía; llena de cosas pero vacía de vos.

Gracias. Infinitas y eternas gracias.

Yo también me alegro de que me hayas encontrado...

Estás aquí... conmigo

Casi al filo de la medianoche y aún despierta,

mientras afuera truena y se desploma

el cielo entre estallidos.

Desde algún rincón se aproxima

y se desliza en la isla desierta que es mi cama.

Ocupa cada pliegue,

cada centímetro helado de ausencias,

rozando apenas mis manos

inmóviles sobre las cobijas.

Poco a poco, alimentado de recuerdos,

el pasado toma forma, sustancia, cuerpo,

y me abruma…

Apenas puedo susurrar tu nombre,

No sé qué más decir… ¡te necesito!

Y aquí estás,

meciendo mi nostalgia entre tus brazos,

enjugando las lágrimas que se deslizan mudas,

sin un quejido;

acunando mi soledad, singular y única, ineludible.

Aquí estás, aquietando mis pensamientos,

cobijándome en tu seno, consolándome

hasta que el sueño llega

con su balsámica inconciencia.

Despierto y la noche ya se ha ido,

pero tu presencia sigue aquí.

Puedo sentirte, alerta, vigilante,

atento para acallar las voces que,

desde el pasado,

quieren impedir que disfrute el presente;

mi presente contigo,

nuevo y sorprendente.

Sigues aquí y es tan precioso

saber que no estoy sola,

no, nunca más sola…

(escrito algún día de 1993)

Alguien observador habrá notado que entre "Estás aquí... conmigo" y "Recuerdo" existe alguna relación. De hecho ambos comienzan igual y algunas partes se repiten. Pero hay una diferencia substancial entre uno y otro; y de esa diferencia habla "Primer paso". Poco tiempo después de aquella noche insomne de 1992 algo ocurrió en mi vida, algo trascendental. El Señor me hizo dar cuenta que no podía seguir asi, deprimida, desesperanzada, agobiada por una realidad que no sabía cómo enfrentar. Entonces lo hice, di ese primer paso de aferrarme a Jesús, de pedirle que me perdonara y me ayudara a continuar con mi vida. Jesús, el único capaz de rescatarme de la soledad y la tristeza. Él permanece aquí, siempre. Por eso..., no estoy sola, nunca más sola.

17 marzo, 2007

Primer paso

Junio.
Amanece lentamente entre los altos edificios que se proyectan hacia el cielo, oscuras moles que se recortan contra el firmamento apenas coloreado. Hace frío. El aire helado se cuela por las bocacalles remolineando en cada esquina. Unos pocos transeúntes se apresuran apretando sus abrigos, la cabeza gacha entre los hombros. La ciudad despierta perezosamente. De pronto, al cruzar una calle algo me hace detener. Recuerdos. Sin aviso una oleada de sentimientos me toma por asalto. Me quedo ahí parada, dudando... Pero aún es temprano, aún tengo un poco de tiempo, ¿por qué no entrar? Cruzo la alta reja negra y la maciza puerta magníficamente tallada. Abro lentamente la rechinante puerta más pequeña que encuentro después y, por fin, entro en la fría penumbra sólo interrumpida por unas pocas luces aquí y allá. Mis pasos resuenan multiplicados mil veces. Lentamente avanzo por un pasillo lateral hacia el frente y me siento en el largo y lustroso banco oscuro. Miro a mi alrededor. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde entonces? Casi cinco años...

Setiembre.
El sol cae a plomo en este mediodía de primavera anormalmente tórrida. El aire sofocante es como una masa de fuego que golpea inclemente quitando el aliento. Casi no queda nadie en la calle a estas horas. Mi hermana y yo volvemos desde el centro cargadas con varias bolsas con las compras para la semana. Avanzamos lentamente, charlando distraídamente, de todo un poco y de nada en especial. Al llegar cerca del templo comentamos algo sobre la arquitectura del mismo, los hermosos vitrales, el estilo... De pronto, al cruzar la calle algo me hace detener. ¿He escuchado bien? ¿Qué es lo que ella ha dicho?
- “Entremos” - me repite.
- “¿Cómo se te ocurre? ¡Es tarde, estoy cansada de tanto caminar y hace tanto calor...! Quiero llegar de una vez por todas a casa...” - protesto.
- “Por favor, sólo un ratito, entremos”- insiste.
Hay tanta urgencia en su voz, parece haber una necesidad tan grande en ella... ¿Qué le pasa? Hace tiempo que está así, tan rara, no lo entiendo... Al fin me decido...
-“Está bien, pero sólo un momento...”
Cruzamos la imponente reja negra y la alta y maciza puerta tallada. La puerta más pequeña que encontramos después rechina un poquito al abrirla. Al fin entramos en la fresca penumbra, apenas disipada por los rayos coloreados al pasar por los vitrales. Nuestros pasos resuenan en el silencioso pasillo lateral, multiplicándose mil veces. Avanzo lentamente siguiendo a mi hermana, observando todo con muda curiosidad, hasta que nos sentamos en un largo y lustroso banco oscuro. Miro a mi alrededor. Veo muchas imágenes que no alcanzo a identificar. Un poco más allá una cruz con Cristo agonizante. Pero la que más me atrae es la que está sobre el altar. Un espléndido trono con una figura de Cristo ataviado y coronado como un rey. La luz del sol que se cuela desde los múltiples ventanales se derrama cálidamente sobre la túnica y centellea sobre la magnífica corona enjoyada.
Miro a mi hermana sentada en silencio a mi lado. ¿En que estará pensando? Está tan rara... Y yo... ¿qué hago acá? Con todo lo que tengo para hacer, tantas cosas por resolver... ¡Qué tontería! Si yo nunca... ¿Por qué me siento tan inquieta? Este desasosiego, ¿por qué...? Tengo un nudo en la garganta, trato de tragar, de disolver eso que me aprieta y me aprieta hasta que parece que ya no podré respirar. Las lágrimas empiezan a escaparse, imposibles de detener. ¿Qué es lo que está pasando? Alzo los ojos y miro alrededor y es como si, de pronto, algo se rompiera muy adentro...
-“Jesús, si de veras existís, ayudame...”

Ha pasado el tiempo y todo lo que me rodea no ha cambiado. El mismo lugar, el mismo banco, la misma penumbra silenciosa. Pero ya no soy la misma. Atrás quedaron el dolor y el miedo, la soledad y la angustia. Atrás quedaron las preguntas sin respuesta, las dudas. En cambio estás vos Señor, aquí a mi lado desde entonces, desde siempre aún cuando no lo sabía. Ahora comprendo que no es en esas frías imágenes donde vos estás. Estás en mí, en mi corazón, y no puedo hacer otra cosa mas que darte gracias por haberte acercado a mi de esa manera. A pesar de mi ignorancia y mi indiferencia, estuviste dispuesto a atraerme con tus lazos de amor. Aún en medio de mis dudas y mi incredulidad fuiste capaz de escuchar ese clamor, inaudible para los hombres pero tan claro para vos, y allí estuviste. Poco a poco se fue haciendo el milagro, fue un proceso, es un proceso que aún continúa, constante. Trajiste una paz que nunca antes había conocido, una alegría que jamás había experimentado y la esperanza que ya había perdido. Diste un sentido, un propósito y una meta a mi vida antes vacía. Me diste fuerzas y aliento para seguir, a pesar de las dificultades y los problemas. Me diste tu amor... y lo seguís haciendo cada nuevo día. Gracias porque, por tu misericordia, aceptaste ese pedido de auxilio tan poco formal. Ni siquiera fue una oración, fue más bien como un grito, como el manotazo desesperado de quien siente que se cae y busca de donde agarrarse para salvar su vida. Pero fue suficiente para vos. Era la oportunidad que estabas esperando. Un resquicio en mi corazón de piedra, una grieta en la fortaleza, una fisura en el muro. Se derrumbaron las defensas. Y allí estuvo tu mano aferrando la mía. Allí estuviste Jesús, sacándome de entre las ruinas. (Junio de 1997)

El recuerdo

Es con la noche que aparece silencioso. Desde algún rincón se aproxima y se desliza en la isla desierta que es mi cama. Ocupa cada pliegue, cada centímetro helado de ausencias. Mece mi nostalgia entre brazos de bruma y enjuga las lágrimas que se deslizan mudas, sin un quejido. Acuna mi soledad singular y única, ineludible, hasta que el sueño llega con su balsámica inconciencia. Él permanece allí vigilante, guardián invisible de tantas horas estériles de insomnio y tantas otras de sueños agitados. Lo sé porque hoy, con las primeras luces, pude atrapar el instante en que el sol lo traspasa implacable y lo esfuma dejándome otra vez en el vacío. El vacío que no se va, que no se acaba, que, paradójicamente, lo alimenta. Sé que volverá. Volverá esta noche. Estará aquí cuando se hayan acabado las urgentes actividades de la jornada y las excusas. Cuando se agoten todas esas cosas con las que procuro ocupar las horas, cuando cruce otra vez este umbral y me enfrente de nuevo con el silencio, volverá. Es inevitable. Aún cuando he tratado de eludirlo, de ignorarlo o de aniquilarlo. Igual sobrevive. Sobrevive al dolor, al desengaño, a la furia. Sobrevive a los años y a las distancias. (escrito alguna noche de 1992)

Caminos


La arena se hunde a mi paso con un leve crujido mientras camino por la playa desierta. Las olas me rodean los pies extendiéndose como una alfombra húmeda y escurridiza. La brisa es tibia. En el horizonte apenas se distingue el límite del mar y el comienzo del cielo porque, en un punto la honda negrura se ilumina apenas con una multitud de estrellas. Entonces me detengo al borde del agua. Sólo se escucha el sonido del mar. De pronto, como surgiendo de la nada, la luna empieza a asomar a lo lejos, imponente, encendida. Uno podría pensar que, si presta suficiente atención, oiría el hervidero del agua en el punto donde surgió del abismo. Pero todo permanece inmutable, salvo el sendero de plata que se ha ido extendiendo hasta casi rozarme los pies. Parece invitarme. Parece decirme que caminar sobre su superficie es posible, que nuevos rumbos no son sólo un sueño.

21 febrero, 2007

Ser mamá, toda una aventura.

El sobre blanco conteniendo el resultado del análisis espera apoyado contra el florerito en el centro de la mesa. Claro, hoy esto sonará a historia antigua. En nuestra era de lo instantáneo también hay medios para saber al instante si tenemos que empezar a comprar ropa más holgada. Pero aquello no dejaba de tener su atractivo, esperar el resultado dos o tres días y mantener el suspenso hasta que por fin se develaba el misterio... ¡Suenen trompetas! Positivo.

Esa sola palabra era el desencadenante de los sueños. ¿Quién puede enumerarlos? A lo largo de los meses se fueron entretejiendo, creciendo, sumando ilusiones, esperanzas, anhelos y también incertidumbres. Hasta que por fin llegó el día y una personita nueva vino a reclamar su lugar en este mundo. Y así vez tras vez. No por repetida menos sentida, menos vivida. Siempre con su carga de esperanza, multiplicando sueños. Una, y otra, y otra vez. Tres varones. Athos, Portos y Aramis... cabalgando por la vida sobre el palo de una escoba.

En el camino quedaron algunas batitas y escarpines rosados tejidos por las bisabuelas y unos nombres que podrían haber sido, pero no... Estos tres pequeños indígenas se instalaron definitivamente en el corazón de todos, aún de aquellos que empecinadamente clamaban por “la nena”. Muchas veces me han preguntado si lamento no haber tenido una y definitivamente mi respuesta es no. Incluso no sabría qué hacer. Mi última experiencia tratando de hacerle las “colitas” a la hija de una amiga me ha demostrado que soy absolutamente inútil en esos menesteres. A lo largo de los años he tenido que aprender sobre fútbol, equipos y reglamentos. Un poco acerca de automovilismo no viene mal. Viajes espaciales, bicicletas. Partidos de básquet, figuritas. Las bolitas, los autitos. En casa no hay lugar para las Barbie, los vestiditos ni los jueguitos de cocina. Es otro mundo, un mundo de varones, en medio del cual me hacen sentir como una reina.

Hay días en que me pregunto cómo se vería mi casa sin esos muchachotes. Pienso que, tal vez, la azucarera no estaría tan abollada por los embates del baterista de la familia. Probablemente podría caminar por la habitación sin tener que esquivar zapatillas, medias usadas y hechas un rollito, shorts, remeras y otras prendas... Todo esto matizado por baquetas, cassettes, figuritas, rastis, palitos, piedritas, libros, revistas y todo otro adminículo imaginable. Quizás el Everest que tengo para planchar se reduciría un poco de tamaño. Seguramente la heladera no quedaría como si por ella hubiesen pasado Atila y los hunos. ¡Hasta encontraría mis elementos de manicuría en su lugar y no en la caja de aeromodelismo! Es más... ¡recuperaría mis cassettes, mis libros y mis revistas! ¡Oh, Dios, nadie usaría mis medias, ni mis remeras, ni mis buzos! Mis pobres costillas quedarían a salvo de efusivos “abrazos del oso” (últimamente han crecido tanto... quizás un curso acelerado de defensa personal me sería útil a la hora de disciplinarlos). Ya no habría tropillas subiendo y bajando por la escalera, ni música a todo volumen, ni toda clase de objetos golpeteando rítmicamente sobre todo lo que suena, ni concursos de quién salta más y toca el techo, ni pelotas picando, ni “aromas a tercer tiempo”... Sí, tal vez sería así. Pero no me atrae la idea porque de algo estoy más que segura, la casa estaría muy vacía. Enormemente vacía. Intolerablemente silenciosa y vacía.

Ineludiblemente ese tiempo llegará. Un día crecerán lo suficiente para dejar el nido. Y es bueno y es normal. Pero mientras tanto quiero disfrutarlos. Quiero aprender a afrontar los roces y dificultades de la convivencia aceitándola con el mejor ingrediente para evitar las fricciones: el amor. Porque los amo y es toda una aventura. La aventura de ser mamá. Y esto vale para las que tenemos varones, o nenas, o ambos. Y vale tanto para las que somos mamás “de la panza” como para las mamás “del corazón”. Es la aventura de ir estableciendo en ellos el fundamento de lo que van a ser sus vidas en el futuro. Un desafío y una responsabilidad, pero también una fuente inagotable de satisfacciones, aún a pesar de las dificultades. Hay alegrías y emociones que sólo un hijo nos puede dar. Son pequeñas cosas tal vez, pero irrepetibles y únicas. Todas ellas van tejiendo una historia que quedará grabada en nuestro corazón para siempre. Es cierto que hay inconvenientes, hay dificultades e incomodidades, dan trabajo, pero bien vale la pena el esfuerzo. Lo que estamos haciendo como mamás, va muchísimo más allá de la rutina diaria, del cansancio y la fatiga. Es un trabajo importante, trascendente, significa ser uno de los pilares sobre los que se construye la plataforma de despegue de nuestros hijos. ¡Animo! Muchas veces lloraremos por ellos, pero hay una promesa de Dios que dice que los que siembran con lágrimas recogerán con alegría. Esa promesa es para nosotras. Disfrutemos cada día la bendición que son nuestros hijos. Definitivamente, ser mamá es una hermosa aventura.
(Escrito en Octubre de 1998)

20 febrero, 2007

Asi como soy...



Esta soy yo.

Quiero mostrarme tal cual soy,
sin máscaras,

sin fingimientos ni poses preparadas

para ganarme tu aprecio.

Así, descarnada,
el alma desnuda hasta lo más íntimo.
Expuesta,
con mis riquezas y mis miserias.

Como soy, humana,
falible, torpemente necia.
Y te pido que me aceptes sin pretender cambiarme,
sin esperar más de lo que puedo dar
ni exigir que te mienta
para colmar tus expectativas.

Yo también quiero conocerte.
Espero descubrirte,
ser capaz de ver más allá de los sentidos,
más allá de esta cáscara material que me limita,
más allá de las palabras y los silencios
y conocerte como fui conocida.



15 febrero, 2007

Encuentros cercanos de algún tipo

Si algo recuerdo de mi adolescencia son esas magníficas pizzas. De vez en cuando, alguna noche, se decidía una salida en familia y, por supuesto, el programa obligado las incluía necesariamente después del cine.

Siempre íbamos al mismo lugar, una pizzería medio escondida en un barrio, pero que había ganado merecida fama. No era un lugar de lujo. Una heterogénea variedad de mesas de todas las formas, tamaños y colores imaginables, sillas con asiento de paja, piso de ladrillos y, a falta de platos, ese papel blanco “de almacén” cortado en cuadraditos a modo de servilletas para sostener cada porción. Así y todo rara vez se conseguía una mesa libre y por lo general siempre había gente esperando que se fueran desocupando.

Una noche pasamos por allí y milagrosamente conseguimos lugar en una de esas mesas redondas de fórmica, familiares. Al poco rato aquello era una multitud, varios esperaban en el auto estacionado afuera y, de vez en cuando, se asomaban para ver si alguno de los comensales se aprontaba para irse.

Estábamos ya felizmente ubicados y esperando nuestro pedido cuando un hombre se acercó a preguntar si nos molestaría compartir la mesa ya que quedaba suficiente espacio libre. Ante la respuesta afirmativa de mi papá, fue a buscar a su familia y así fue como se convirtieron en nuestros circunstanciales acompañantes. En el transcurso de la cena, charla va, charla viene, surgió el tema de dónde vivía cada uno y, ¡oh sorpresa!, resultaron ser del mismo barrio, la misma calle, el mismo edificio, dos o tres departamentos de por medio... ¡Nunca los habíamos visto! Y ya hacía un año que vivíamos allí...

Esta historia, aún cuando no pase de ser una anécdota, sirve para marcar lo que parecería ser una tendencia al aislamiento y al anonimato que va en constante aumento. Atenazados por el miedo ante la inseguridad de las grandes ciudades, prolijamente encerrados detrás de nuestras puertas blindadas, nuestras rejas y nuestras alarmas, nos vamos haciendo más y más desconocidos y solitarios.

También el ritmo que nos impone nuestra vida moderna consigue en gran medida que relaciones entre vecinos que antes se consideraban normales, cada vez sean más raras y esporádicas. Nuestros hábitos y costumbres se fueron modificando con el correr del tiempo: tomar el fresquito en el jardín o en la vereda después de cenar, lo cual obligaba a algún tipo de contacto con el prójimo, ha sido reemplazado por la cómoda privacidad del sofá frente al tele, aire acondicionado y alguna bebida mediante, listos para llevar a cabo el anónimo ejercicio del zapping.

Aún cuando en algunos barrios se conservan esos hábitos vecinales, lo cierto es que a medida que nos acercamos al centro, esas relaciones se vuelven más y más difíciles. El tema de los edificios, las medidas extremas de seguridad, el temor generalizado ante la delincuencia, todo eso es real. Pero, hay algo que es llamativo y es que, aún en condiciones mucho más óptimas, el aislamiento y la soledad están en alarmante aumento. Es como si la gente estuviera encerrada en una burbuja, completamente ajena a lo que pasa a su alrededor.

Realmente habría que preguntarse el porqué. ¿Será por temor a entablar una relación? ¿Miedo a involucrarse? ¿Desconfianza? ¿Egoísmo? ¿Indiferencia? Sin duda todos estos son “ladrillos” muy difíciles de sacar, construyen murallas que aprisionan el alma, ensombrecen los sentimientos y opacan la vida. Hacen una barrera infranqueable que apaga las risas, impide las historias compartidas, nos priva de compañía y posibles amistades cultivadas al calor de unos mates a la hora de la siesta.

No es fácil, claro que no. Si a veces nos cuesta encontrar el tiempo para nuestra propia familia en medio del trajín cotidiano, cuanto más para entablar una comunicación más fluida con nuestros vecinos. Pero es necesario, aún cuando la convivencia sea difícil, aún cuando surjan roces, es parte también de la vida y serán superables con un poco de sentido común y buena voluntad.

Alguien dijo que el hombre es un animal social que no puede permanecer aislado porque la soledad lo lastima, lo hiere, lo enferma y lo debilita. Y esta debilidad no pasa sólo por lo físico ya que, como reza el dicho... “la unión hace la fuerza”. Todos tenemos problemas, es cierto, pero serán mucho más llevaderos si no permanecemos solitarios.

La tecnología puede brindarnos el programa interactivo más avanzado, pero ni de lejos se compara con un abrazo, una palabra o un oído dispuesto a escucharnos.

No es imposible, seguro que no, y sería bueno que todos empezáramos a intentarlo. Sólo hay que querer hacerlo. El famoso muro de Berlín no se cayó sólo, fue necesario que de ambos lados hubiera voluntades dispuestas a tirarlo abajo.

Igual es con nuestras propias murallas, mientras queramos que permanezcan levantadas, seguirán allí. Cuando comprendamos que podemos vivir mejor sin ellas, entonces iremos quitando, poco a poco, un ladrillo a la vez.

Ayer fue San Valentín

Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que te quiero. Juan 21:17

Es lindo cuando escuchamos que alguien a quien amamos nos dice que nos quiere. Por más que estemos seguros de su amor, por más que sea algo que se da por sentado. Es lindo oírlo decir. Es lindo que venga, nos abrace y nos diga que nos quiere, que nos ama, que nos necesita. Por más que ya lo sepamos, aún si lo supiéramos todo, como Jesús.

Él lo sabe todo, él ve lo más profundo del corazón, donde no se le puede mentir y todo está expuesto a su mirada. Él sabe aún aquello para lo cual no encontramos palabras. Pero, aún así, él quiere escucharlo decir. Él espera escuchar nuestra voz diciéndole: te amo, te quiero, te necesito. Y, lamentablemente, muchas veces se queda esperando.

Muchas veces nos acercamos a él con una larga lista de pedidos, con escaso tiempo y demasiadas urgencias. Entonces olvidamos lo importante. Nos olvidamos de adorarlo. Nos olvidamos de decirle al oído: te quiero. Olvidamos expresar claramente que nuestro amor va más allá del resultado de nuestras peticiones. Olvidamos que amarlo debe estar antes que cualquier demanda. Porque tener esos tiempos de amor con él es la única forma de ser uno en espíritu; la ocasión para que nuestro espíritu y el suyo se toquen y se detenga el tiempo en medio de la eternidad.