18 agosto, 2007

Tus manos

En la mayoría de las representaciones que he podido ver te pintan con manos finas, blancas, delicadas, hasta podría decir frágiles. Yo no me las imagino así. No. Imagino que tus manos fueron grandes y fuertes, curtidas, acostumbradas al trabajo duro, a la garlopa y al martillo. Manos encallecidas, ásperas de tanto suavizar la madera, con las marcas de las astillas antes que las de los clavos…

Ese detalle me hace pensar en cuán cercano te hiciste a nosotros. Dejaste el cielo y te hiciste de carne y hueso; y trabajaste, y te habrás martillado los dedos, y quizás hasta te dolió la espalda al final de la jornada. Y, como muchos otros, vos también sufriste la injusticia.
Esto me hace comprender cuánto estás interesado en mi vida, hasta qué punto sos capaz de entender el cansancio, la fatiga, la frustración, el dolor del cuerpo (y también del alma).
Y sé, además, que tu corazón se duele al ver lo que logramos por empeñarnos en hacer las cosas a nuestra manera y no a la tuya.
Y me consuela saber que, cuando en este mundo globalizado y neoliberal la persona pierde cada vez más su identidad y se convierte en un número, un instrumento descartable, un engranaje sin valor trascendente, sin vida propia y sin identidad…, vos todavía me llamás por mi nombre.

2 comentarios:

  1. bueno,...
    antes de escribir voy a esperar a que los ojos se me desempañen...
    unos segudos por favor,...

    (ahora sí)
    no se si puedo decir que es una virtud tuya,... Me refiero a que siempre que leo tus palabras inmortalizadas en esta página las lágrimas se me escapan de repente,...
    más de un esfuerzo hago por detenerlas y es inevitable.
    Siempre supe que era tu virtud haciéndome reflexionar y volver a Él en cada texto. Pero he llorado tanto por tu pluma que empiezo a pensar -en broma- que quizás sólo querés hacerme llorar,...
    :D
    te amo, también inevitablemente.

    Espero que de ahora en más siempre que escribas algo me lo digas asi lo leo,...¿trato?

    y estoy feliz de pensar que sólo aquella persona que conoce en la intimidad al maestro, puede describirlo de una forma tan cercana, tan humana y divina a la vez.

    Me gustó, de más está decirlo.
    Sobre todo el final,...
    Él me llama por mi nombre,...

    te amo, mucho.
    Nelson Daniel.

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  2. No es mi intención hacerte llorar, pero si tan sólo una palabra que haya escrito contribuye a tu acercamiento con aquel que te amó desde antes que fueras concebido..., el objetivo está cumplido. Esa es mi oración de todos los días: que cada uno de los hijos que Dios me prestó por un rato lo conozcan y lo amen cada día más a Él.
    Te amo.

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