14 febrero, 2014

Una vez, un 14 de febrero

Un día más, y la misma rutina. 
Me levanto temprano porque tengo que pasar por el banco antes de ir a la oficina.

Mientras desayuno prendo la radio, ya están hablando de que hoy es un día especial...

Me pone de mal humor, los últimos quince días no se escucha otra cosa tanto en la radio como en la televisión.

Puro negocio -digo; apago la radio y me voy.

Termino rápido el trámite en el banco, es que en febrero muchos están de vacaciones y no hay tanta gente. Salgo, compro algo para el almuerzo en un quiosco y en la esquina consigo un taxi.

Subo y le indico la dirección. El chofer tiene prendida la radio…

Y dale con el tema -pienso con fastidio.

Busco los auriculares del celular en la cartera para escuchar música y trato de pensar en otra cosa.

El chofer toma por Santa Rosa. La música me tranquiliza, al menos logra hacer desaparecer el mal humor inicial; aunque persiste una ligera tristeza…

Es una mañana calurosa y el auto no tiene aire acondicionado así que abro la ventanilla  y dejo que el aire me golpee en la cara. Doblamos por La Cañada y avanzamos despacio a causa del tráfico.

En una esquina nos detiene el semáforo, afuera no corre ni siquiera una brisa, los árboles quietos brindan al menos un poco de sombra.

De pronto, por el rabillo del ojo, veo algo que va descendiendo en un perezoso vaivén. Me sobresalto al notar que entra por la ventanilla y cae en mi regazo.

Miro y ahí está, pequeña y rosada.

Una flor.

Es San Valentín, y él acaba de recordarme cuánto me ama.


05 septiembre, 2012

Teresa

Bienaventurada Teresa,
porque entre los pobres hiciste tu casa.

Bienaventurada,
porque a los que lloran brindaste consolación.

Bienaventurada Teresa,
porque con los mansos heredarás la tierra.

Bienaventurada,
porque te compadeciste del dolor.

Bienaventurada Teresa
por misericordiosa.

Bienaventurada
por tu limpio corazón.


Bienaventurada Teresa,
gózate y alégrate,
grande sin duda es hoy tu galardón.


Se reúnen para despedirte
los representantes de la humana realeza.
Gobernantes y altos dignatarios,
los poderosos de la tierra.

Pero...

Ya no puedes verlos, Teresa,
esta vez no acudirás a la cita.
Tienes audiencia con el Rey de gloria
y él tiene para ti una corona de vida.

Escrito el 5 de setiembre de 1997


28 julio, 2012

Gracias I

Gracias por la música que acompaña mis pasos esta mañana.

Gracias por el ritmo sostenido, la cadencia renovada con cada paso, con cada impulso, con cada latido.

Gracias por la música que resuena en mi interior, más allá de mis oídos, más allá de mis sentidos, en lo más profundo.

La música del alma
atravesada por tu amor,
renovada por tu vida,
impulsada por tu aliento,
abandonada a tu abrazo,
cautivada por tu voz.