02 marzo, 2008

Uno guia, el otro pedalea

Una tarde, mientras iba a hacer unas compras, pasaron frente a mí dos chicos en bicicleta. Uno de ellos, sentado de costado sobre el caño y aferrado al manubrio, era el que guiaba. Su compañero, sobre el asiento, se limitaba a pedalear mientras comía una naranja. Los dos reían divertidos y despreocupados.
En ese momento pensé en la gran confianza que debía tener ese chico para desentenderse del rumbo que pudieran tomar y limitarse a hacer lo suyo: pedalear; aunque lo único que viera por delante fuera la espalda de su amigo.
Eso puede ser peligroso. ¿Cómo estar seguro de que no se va a chocar con algo, o subirse a la vereda, o cruzarse frente a un camión, o atropellar a alguien… En tales circunstancias... ¿quién no estaría tentado a dar una miradita por encima del hombro? Sólo para asegurarse que ha tomado el camino correcto...

Vos querés que siga tus pasos, Señor, que camine por las huellas que dejaste. Pero, ¡cómo me cuesta abandonarme a tu guía!
Muchas veces las cosas no parecen salirme muy bien. Creo haber oído tu voz claramente, confío que tomé las decisiones correctas, pienso que estoy en tu voluntad pero, así y todo, siento temor.
Me impaciento cuando la respuesta que parecía inminente no llega. Quisiera ver el camino por delante, lejos, hasta el horizonte. Desearía poder adelantarme a lo que pudiera venir. Tomar ciertas precauciones...
Me pone nerviosa ir ahi atrás. Ando inquieta, como si diera saltitos hacia uno y otro lado tratando de espiar un poco por encima de tus hombros para asegurarme que me llevás por el camino más conveniente. Y de hecho lo hago, empiezo a actuar por mi cuenta y es justamente allí donde me estrello.
Es cierto que el futuro es como un gran signo de pregunta. Las cosas no son fáciles, hay problemas en casa, las demandas del trabajo, muchas veces me siento enferma. De pronto es como que nada sale como hubiese esperado, no vislumbro ni siquiera la salida... Si tuviera la misma confianza que ese chico de la bicicleta… Si lograra aferrarme a tus promesas en vez de rumiar mis dificultades…
“Estaré con ustedes todos los días” - decís -, “¡no temas, yo te ayudo!”
“Yo soy el Buen Pastor”.
¿Qué pastor guiaría a sus ovejas hacia el precipicio? ¿Qué clase de pastor se quedaría tranquilo viéndolas desbarrancarse? No vos. No mi Buen Pastor. Vos sos de esa clase de pastor que deja las noventa y nueve sólo por buscar a una; la encuentra, la carga en sus brazos y la conduce por camino seguro a lugares de verdes pastos y de tranquilas aguas.
Muchas veces todo parece oscuro, callejones sin salida, desiertos calientes y secos. La vida resulta dura y el mundo amenazador; y siento que me faltan las fuerzas. Pero nada de eso debería detenerme. Si aguzo el oído y presto atención escucho tu voz que me dice “Ven” y me invita a seguir pedaleando, dándole para adelante con todas las fuerzas que vos mismo me das. Vos ya transitaste el camino, lo conocés, sabés bien por dónde ir, no tenés nada ni nadie delante que te entorpezca la visión, me guías por la senda más segura.

Bueno… ¡allá voy! No hay nada que temer. Pase lo que pase, mi más fiel amigo es quien va aferrado al manubrio...

“Porque este Dios es Dios nuestro
eternamente y para siempre;
El nos guiará aún más allá de la muerte”
Salmo 48:14

3 comentarios:

  1. No dejes de escribir.

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  2. Euge A.4:54 a. m.

    Entre a tu blog a través del de Nel y me encantó. Y eso que mucho no me gusta leer los blog ajenos, muy pocos son los que me impactan. Y el tuyo lo logró . Sin duda, aunque a veces las vicisitudes de la vida hagan que perdamos la fe, Dios sostiene nuestro manubrio. ¿Nunca te pasó que luego de superar un mal momento de tu vida pensaste cómo era posible?. Yo creo que en esos momentos era Dios el que me guiaba....

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  3. Euge, gracias por tus palabras. Me pareció muy buena tu reflexión; sin duda que Dios está siempre cercano en medio de todas nuestras circunstancias; aún cuando no lo reconozcamos. Te mando un beso.

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