13 septiembre, 2008

En reparación

Y todo el que tiene esta esperanza puesta en Él, se purifica, así como Él es puro.
1º Juan 3:3


No es lindo verme confrontada con ciertas cosas.

Pero es importante dejar que esas cosas sean traídas a la superficie para poder reconocerlas y permitir que las trates.

Esas debilidades de carácter, ciertos pensamientos, algunas actitudes, amarguras viejas que nunca me tomé el trabajo de terminar de arrancar.

El proceso de purificar el corazón puede ser arduo, puede ser doloroso. Pero es necesario y es bueno. Tu intensión es trabajar sobre esas áreas, querés eliminar esas cosas que molestan para lo que deseás hacer.

Eso me demuestra que no has perdido las esperanzas conmigo, que aún no te das por vencido, que vas a acabar la obra que empezaste en mí.

Y muestra también mi debilidad, mi necesidad de vos, cuánto dependo de tu gracia y de tu misericordia para seguir adelante.

12 septiembre, 2008

De fuegos y paños frios...

Muchos dicen que éste ha sido unos de los peores incendios que hemos sufrido en nuestras sierras, hablan de 50 mil hectáreas quemadas. Kilómetros y kilómetros de llamas devorándolo todo y una lucha, desigual y agotadora, para todas las dotaciones de bomberos que convergieron en esos lugares tratando de apagar el fuego y evitar que llegara a los sitios habitados. Gente evacuada, daños, desolación, cansancio.
Pasaban los días y el infierno continuaba, el viento norte era contrario, el calor (un día superamos los 35º) y la sequía (también una de las más prolongadas que se recuerdan).




El jueves 4 de setiembre, como de costumbre, nos reunimos en casa y entre los motivos de oración para esa tarde, alguien mencionó los incendios y la necesidad de lluvia que contribuyera a apagarlos.
Eso hicimos, oramos pidiéndote lluvia, pero no cualquier lluvia. Dicen los que saben que cuando todo se quema de esa manera una lluvia torrencial es más perjudicial que beneficiosa. Es por eso que pedíamos por una lluvia mansa, suave pero persistente, que apagara el fuego pero que no trajera otro tipo de inconvenientes. Asi que, Señor, eso pedimos, lluvia mansa..., amén y cada una a casa.

Al día siguiente me levanté temprano y encendí el televisor para ver el noticiero de la mañana antes de salir a trabajar. En ese momento estaban dando la noticia. El corazón me empezó a latir aceleradamente... "Está nevando en las sierras, se apagan los últimos focos de incendio". No es fácil describir lo que sentí. Asombro (vaya, siempre orando con tan poca fe en tus respuestas) y alegría. Me dio mucha ternura ver a esos bomberos, que hasta unas pocas horas antes luchaban denodadamente contra esas lenguas inmensas de fuego, jugando como chicos en la nieve.


No pude mirar mucho más, ya era la hora de salir rápidamente para la oficina. Pero me fui contenta, me fui cantando por lo bajito "¡grande es tu fidelidad!" y dándote gracias por esa gran demostración de tu amor y tu cuidado. Por esa prueba concreta de que vos nunca llegás tarde (y que hacés llover sobre justos e injustos). Lástima que muchos no te lo reconozcan. Después de todo el servicio meteorológico anunciaba la posibilidad de lluvia. No me importa; te habíamos pedido una lluvia mansa... ¿hay algo más manso que la nieve cayendo? No me interesa qué opinen otros, tal vez me crean una ingenua..., pues bien, bendita ingenuidad que me lleva a darte gracias por haber desplegado tu maravilla en el momento justo, por venir como el padre desvelado que pone pañitos frios en la frente abrazada por la fiebre. En fin.... ¿qué más decir? Gracias.

28 agosto, 2008

Voces y corazones

"Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. El humo del incienso con las oraciones de los santos subió de la mano del ángel a la presencia de Dios. Y el ángel tomó el incensario, lo llenó de fuego del altar y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, voces, relámpagos y un terremoto".
Apocalipsis 8:3-5

Resulta interesante observar que los truenos, relámpagos, voces y terremotos no son provocados por grandes seres, sino por seres anónimos de la historia. No suceden como resultado de grandes movimientos políticos, sino de gestos inocentes. No ocurren por efecto de sofisticadas bombas, sino a causa del incienso perfumado. Y no son dictados por las capitales de los grandes imperios del planeta, sino en la presencia de Aquel que está sentado en el trono.

"Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono.
Apocalipsis 8:3

Después de esto el incensario es lanzado a la tierra, y acontecen los truenos, relámpagos, voces y terremotos. Los grandes conspiradores de Dios no son las celebridades, ni los políticos de gran influencia, ni los aparatos militares, ni los que deciden en las grandes capitales del mundo. Los que conspiran junto con Dios son los que oran en el anonimato y la santidad.
La palabra de Dios señala que estas personas, los santos de la tierra, levantan sus voces delante del trono y juntan sus oraciones, las que entonces son mezcladas con incienso y arrojadas de nuevo a la tierra.
Declara la palabra de Dios que estas voces simples y sencillas, a las que no se les da lugar a expresión, desconocidas en la historia, sin nombre, significan algo muy importante dentro del horizonte de la historia humana. Son las voces de los "sin voz" en la historia, las de todos los santos llenos de la presencia de Dios. Y estas voces débiles son cambiadas en la presencia del trono, para ser arrojadas hacia la tierra como verdaderas lanzas de Dios. ¿Podemos imaginar algo semejante? No conozco ningún otro pasaje de la Escritura que afirme con mayor intensidad el poder que tiene la oración de los santos. Voces débiles y súplicas que llegan a la presencia del trono y son cambiadas en armas de Dios.
He conocido ancianos de cabellos blancos, sin nombre entre los hombres, pero que se despiertan todas las mañanas a las 4, a las 5, a las 6, e insisten en la loca intención de juntar sus voces anónimas a los muchos santos, para hacerlas llegar hasta la presencia del trono.
El libro de Apocalipsis señala que no son las maquinaciones de los conspiradores las que harán caer a la gran Babilonia, sino esta subversión, esta santa guerrilla practicada por los desconocidos de la historia. Ellos son los que conspiran con Dios para derribar los principados y las potestades del mal sobre la tierra.
Este pasaje de la Escritura nos estimula a la oración. Oración que pide, que clama por el juicio de Dios; que levanta la voz y ruega al juez de toda la tierra que haga justicia en el planeta.

Tomado del libro "El verdadero avivamiento" de Caio Fabio D'Araujo Filho, Editorial Logos.