21 enero, 2009

Por pura gracia

"... soy lo que soy porque Dios fue bueno conmigo, y su bondad para conmigo no ha resultado en vano".
1º Corintios 15:10


Fuiste bueno conmigo, tuviste misericordia de mí, tuviste compasión y quisiste rescatarme de una vida vacía y de una muerte segura.

Como una hija pródiga enterrada en la miseria, me rescataste de entre las ruinas, me abrazaste, me diste nuevas vestiduras y pusiste tu anillo en mi dedo.

Y hubo fiesta en los cielos porque estaba perdida y fui encontrada, porque estaba muerta y recibí nueva vida.


Soy lo que soy porque vos me hiciste así.

Soy lo que soy porque planeaste cada detalle desde el vientre de mi madre, con esmero, con cuidado, con la pasión y la entrega de un artista.

¿Puedo decir, como el apóstol, que tanta bondad no ha sido en vano?

¿Soy capaz de apreciar el inmenso favor que me hiciste cuando viniste por mí?

Yo no merecía tu sacrificio. Nunca lo merecí ni lo merezco ahora.

Si estoy aquí, si soy lo que soy es por pura gracia.


19 enero, 2009

¿Digna de aprobación?

... el hombre digno de aprobación no es el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien el Señor alaba.
2º Corintios 10:18

¿Por qué cosas podrías llegar a alabarme?

Se me ocurre que lo más importante para vos no es cuánto haga, sino cuánto de tu vida reflejo a través de mis palabras y de mis actos.


¿Se ven en mi vida la paz, el gozo, la paciencia, la benignidad, la templanza, la fe?


No necesito tanto hacer como ser en vos, que tu vida se vea en mí. Crecer en conocimiento, en intimidad, en profunda comunión, en tiempo a solas vos y yo.

Necesito hacerme cada día más conciente de que ya no vivo yo, y que lo que es digno de alabanza no son mis propios méritos sino el resultado de tu vida en mi.




15 enero, 2009

¿Qué deseas que haga por ti?

1º Reyes 3:5-15

Esa pregunta revela tu interés por mi, por saber qué anhela mi corazón. Demuestra también la libertad de elegir que me diste, una libertad que también implica un riesgo. ¿Cómo saber si lo que elija y te pida es lo que te agrada?

Lo que pidió Salomón te satisfizo
y se lo diste, y lo que no había pedido también. Podría no haber reconocido su necesidad de sabiduría, podría haber pedido las riquezas, las victorias y la vida; pensando que su propia inteligencia le bastaría para gobernar y administrar. Pero, por el contrario, reconoció su falencia e hizo la petición correcta. Como consecuencia recibió la sabiduría y todo lo que no pidió por añadidura.

¿Cómo respondería hoy a esa pregunta?
¿Qué te pediría?

Tal vez..., sensibilidad para escuchar tu voz, discernimiento para conocer tu voluntad para mi vida, amor para obedecerte, fortaleza para no pecar contra vos...

Por otra parte..., ¿puedo honestamente hacerte la misma pregunta?

Decirte: Señor, ¿qué querés que haga?

Reconozco que me falta valor...

¿Cuál sería tu respuesta?

¿Estoy realmente dispuesta a darte lo que me pidas?