09 noviembre, 2008

Ven


Se despliega el alba en el horizonte oscuro
con un estallido de escarlata y lila
y un tapiz de vellones, enhebrados con oro,
trepa hasta el cenit anunciando el día.


Amanece entre las nubes en esta mañana,
no eres tú que llegas pero te imagino,
volviendo a buscar a mi alma que clama,
viniendo por mí, dulce amado mío.


07 noviembre, 2008

Aprovechen bien este momento decisivo, porque los días son malos. No actúen tontamente; procuren entender cuál es la voluntad del Señor. Efesios 5:15-17

Y ahora, hermanos, busquen su fuerza en el Señor, en su poder irresistible. Efesios 6:10

…tomen toda la armadura que Dios les ha dado, para que puedan resistir al día malo. Efesios 6:13

¿Quién duda que los días sean malos? Lo son, pero también son días decisivos, días en los que la oración debe ser una prioridad ineludible. Sólo en tu presencia voy a poder captar en plenitud cuál es tu voluntad. Sólo allí voy a obtener la fuerza y el poder para enfrentar estos días, tomando toda la armadura que me permita resistir. Los días son malos, pero vos sos bueno, poderoso y fiel. Nunca me vas a dejar, nunca vas a apartar tu mirada ni vas a dejar de bendecirme. Nunca dejarás de inclinarte para prestar atención a mis palabras, al clamor de mi alma y al anhelo de mi corazón.

Dice tu Palabra: “Deléitate en el Señor y él concederá las peticiones de tu corazón”. Esto significa hacer de vos el motivo de mi alegría, la fuente del gozo y la paz. Aún en medio del día malo, aún en medio de las dificultades y los problemas, aún a pesar de mi misma y mis inseguridades. Sólo así voy a poder mantenerme firme, revestida de tu verdad y protegida por la rectitud; lista para anunciar el mensaje de la paz. Cubierta con el escudo que ataja los dardos del maligno, llena mi cabeza de pensamientos sujetos a vos, consciente de la salvación que ganaste para mí; y con la palabra firmemente arraigada en mi corazón para que de ella hable mi boca.



11 octubre, 2008

Sólo un pámpano...

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.
Juan 15:5

Quiero decirte gracias.
Gracias por amarme, aún, a pesar de todo...

Quiero pedirte perdón.
Perdón por mirar a otro lado, por dudar, por temer...

Porque tuve miedo..., miedo de perderte, de que te hubieras alejado de mí. ¡Y la que estaba lejos era yo! Vos siempre estuviste en el lugar donde nuestros caminos se separaron. Porque me equivoqué y, en vez de poner mis ojos en vos, autor y consumador de mi fe; los puse en las circunstancias. Y como Pedro cuando miró las olas, empecé a hundirme en la desesperanza.

Mi vida se volvió tan chata, tan insípida... Desánimo. Desilusión.
Han sido tiempos tan largos, tan duros... Sin embargo (pienso) no ha sido este el primer tiempo duro que me ha tocado vivir. Pero pretendí enfrentarlo en mis fuerzas. ¡Y son tan escasas!

Me doy cuenta que hay tanto aún que debo aprender, tantas cosas que debo superar, tantos aspectos de mi vida en los que aún me falta morir a mi misma...

¿Como podré hacerlo separada de vos?

Hay momentos en los que anhelo un cambio, algo que revolucione mi vida y me impulse hacia delante.

Quisiera ver fruto y no lo veo.

Quisiera poder decir que crecí en vos y no estoy segura de que haya sido así.

Necesito someterme a tu guía, al impulso de tu Espíritu. Dejarme llevar por tu corriente. Dejar que me empujes como el viento que hincha las velas para que sea posible navegar.

Y no oponer resistencia, no cuestionar, no luchar contra lo que es tu voluntad para mi vida.

Sólo puedo hacerlo si permanezco unida a vos. Yo ya no tengo más fuerzas, ni capacidad, ni inteligencia, ni nada que me sirva para nada.

Dependo de vos.

Sólo me queda abandonarme, dejarme llevar, sin condiciones, a dónde vos quieras, cuándo vos quieras, para lo que vos quieras...