04 noviembre, 2007

Por mi...

“... Jesús gritó con fuerza: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Mateo 27:46

El Padre y vos eran uno.
Me cuesta imaginar lo que habrás sentido cuando él apartó la vista, cuando el pecado que recayó sobre vos te separó de esa comunión perfecta que existía desde el principio, desde la eternidad.
Los golpes, el escarnio, la crucifixión misma, el dolor de tu cuerpo, no deben haber sido comparables al dolor de la separación.
Y del dolor de esa soledad más que absoluta surgió ese grito como la expresión de tu alma en agonía.
Eso era lo que yo vivía hasta que acepté tu sacrificio, consumado para que mi propia agonía se diluyera en la tuya.
Vos sufriste el dolor para que yo no tuviera que sentirlo...
Soportaste el castigo para que yo no tuviera que sobrellevarlo...
Aceptaste ese tremendo instante de separación con el Padre para que yo pudiera acercarme y unirme a él.
Vos, que no podías morir, aceptaste encerrar tu grandeza en un cuerpo humano con el propósito de hacerlo.
Te recubriste de carne y te sujetaste al tiempo para introducirme en la eternidad al lado tuyo.
Y me otorgaste un valor incalculable pagando el precio de mi vida con tu sangre.
Moriste para que yo tuviera vida.
Moriste por mí.Por mí...

Cartas...

En ocasiones me he preguntado si estará bien que te escriba.
No lo sé...
No es que esto remplace la oración, pero es distinto. Diferente.
Es como si, a través de mis dedos, fluyera lo que hay en mi alma con mucha más facilidad que por mi boca.
Parece raro... ¿no?
Digo..., escribirte.
¡Si vos conocés lo que hay en mi corazón aún antes de que pueda hilvanar una frase!
Pero es como que a las palabras se las lleva el viento, aún cuando sé que no dejás de escucharlas y atesorarlas...
Soy yo quien las olvida. Tal vez escribir lo que hay en mi corazón me ayuda a ordenar mis ideas y guardarlas. Así puedo tener presentes tus promesas y tus respuestas a mis oraciones. Al fin de cuentas escribo para mí, vos no necesitás leer esto...
Aunque… ¿sabés? A veces me parece percibir tu presencia, como si estuvieras observando sobre mi hombro a medida que las letras se encadenan una detrás de la otra. E imagino tu sonrisa...
Son mis cartas para vos, un conjunto de palabras con un manojito de mirra que las perfuma para que las recibas como una ofrenda agradable.
Cartas para mi Amado.
Apenas un destello de lo que las palabras no pueden expresar.


Prisionera de la prisa

Horarios, calendarios y agendas.
Programas, compromisos y deberes.
Relojes, alarmas y urgencias.
¿Por qué sacrificar lo importante
en el altar de lo urgente?

Quiero…

estrenar el día en tu presencia
y permanecer allí,
quieta, callada, expectante…

Anhelo…

sumergirme en la corriente de tu Espíritu
y empezar nuevamente la jornada
llena, renovada, exultante…

Necesito…

tu fuerza para enfrentar la vida,
tu guía para transitarla,
tu paz para acompasar mis tiempos
y tu verdad para ser libre.