14 octubre, 2007

La mejor parte

“Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”. Lucas 10:42

¿Cuáles son las cosas urgentes en mi vida? ¿Cuáles las verdaderamente importantes? ¿Qué es lo más costoso que tengo para ofrecerte? Mi tiempo. Mi escaso, recargado y apretado tiempo. Podría tratar de cubrir las necesidades urgentes, podría invertirlo en hacer más o en cumplir con lo mucho que ya hay por hacer. O bien podría tomar la decisión de esa mujer e invertirlo en lo importante. Podría tomar mi agenda y colocar lo importante antes de las mil quinientas cosas urgentes que reclaman mi atención. Y lo importante es el tiempo que pase en tu presencia. Lo más importante. Lo único importante. ¿Cuántas veces lo sacrifico en el altar de lo urgente? ¿Cuántas veces le dediqué mis mejores horas y mis mayores esfuerzos al trabajo, la casa, los chicos, el servicio? Vos estás demandando el primer lugar, el único, absoluto y exclusivo primer lugar. Y a veces se me hace tan difícil aquietarme y concentrarme en buscar tu rostro, en adorarte, en pasar tiempo con vos, en permanecer en tu presencia, callada, esperando oírte... Cuando lo intento parece como si todos los problemas, las preocupaciones y las responsabilidades me cayeran encima como una avalancha. Me cuesta acallar sus voces que chillan y me impiden enfocar mi mirada en vos e inclinar mi oído para escucharte. Y estoy cansada... Estoy cansada de eso... ¿Quisieras tomar todas esas cargas y llevarlas por mí mientras descanso en tus brazos?

Lo mejor viene

“... tú has guardado el mejor vino hasta ahora”. Juan 2:10

Vos guardaste hasta ahora el mejor vino, el bueno, el excelente, el de mejor calidad.
Y estás esperando que sea un recipiente dispuesto y preparado para verterlo todo, en abundancia.
Tu palabra dice que ese vino nuevo y fresco en un odre viejo, reseco, rígido y quebradizo; finalmente se pierde.
¿Cuáles son mis lugares resecos? ¿Cuáles son mis zonas rígidas y quebradizas?
Renová mi corazón de tal forma que sea tierno y maleable, adaptable a tus formas, a tu fluir cambiante. Prepará el recipiente para derramar en él ese vino nuevo, fresco, embriagante.
No dejes que las estructuras que aún subsistan en mi mente sean el dique de contención que impida el fluir libre de tu Espíritu. Derribá los argumentos, los razonamientos, el temor.
Disipá las dudas con el soplo recio de tu Espíritu.
Quiero ser libre en vos, verdaderamente libre. Libre de encasillamientos, libre de mí misma y mi razonable cabeza. Quiero embriagarme con ese vino nuevo, el mejor, el que reservaste para estos días. Quiero revivir el gozo, resucitar al asombro de mi vida rescatada de la muerte, renovar la gratitud y la alabanza, la adoración y la entrega a vos, mi único y suficiente Salvador.

26 septiembre, 2007

Desde el tiempo, a través del tiempo... siempre.

Este es el primer cumpleaños en el que no voy a recibir tu "feliz cumpleaños, gorda"; pero tu recuerdo está aquí, tus palabras están aquí, grabadas en el corazón, escritas en un papel que ya se puso amarillo desde aquel cumpleaños del '76 cuando lo escribiste (1976... ¡cuánto tiempo!). ¿Sabés? En este momento estoy en una encrucijada; entre quedarme atrapada en la nostalgia o mirar hacia adelante, agradecer el pasado, vivir el presente, soñar el futuro. Y, siguiendo tu consejo, dejo que el corazón me guie y elijo lo segundo. Porque sé que "hasta aquí me ayudó el Señor" y cuando miro el presente veo muchas cosas buenas, mucha gente que amo, mucha vida alrededor. Elijo lo segundo porque sé que lo mejor aún está por venir y, fundamentalmente, porque vos y todos los recuerdos que se te relacionan no se han quedado muertos en el pasado; sino que en novedad de vida te proyectaste hacia el futuro, hacia la eternidad. Au revoir (que traducido significa: hasta que nos volvamos a ver).