
Cuando el temor y la soledad me toman por asalto
y la desesperanza gana mi corazón angustiado,
aquí estás, siempre dispuesto
a protegerme y tomarme entre tus brazos.
¿Qué haría sin ti, mi Jesús amado?
El sendero es tan oscuro y escarpado...
sin tu luz que lo alumbre, sin el sostén de tu mano
sería imposible atravesarlo.
Pero cierro mis ojos y puedo sentirte aquí, a mi lado,
dulce presencia que me inunda poco a poco
como una caricia, como el rocío,
una corriente que fluye muy despacio...
Seca mis lágrimas con el dorso de tu mano,
quiero apoyarme en tu hombro y
descansar en tu regazo,
segura y protegida por tu poderoso brazo
puede bramar la tormenta... ya estoy a salvo...