
El último fin de semana me visitaron mis nietos. Los disfruté como siempre.
Con Alejo armamos un castillo valiéndonos de algunas cajas de medicamentos, cinta engomada y algunos fósforos quemados.
Maite cabalgó incansablemente sobre mis rodillas.
Los vi reir y reí con ellos, y esas imágenes se quedarán para siempre grabadas en mi corazón.
Alguien se preguntará el por qué del título de esta entrada, el cual parece no tener nada que ver con lo que estoy relatando.
Sucede que cuando rememoro esos momentos no puedo dejar de recordar otras imágenes que nada tienen que ver con la felicidad.
Me refiero a las imágenes de la guerra. Niños. Como ellos, como mis nietos. Masacrados.
No le encuentro explicación.
Por favor, que nadie se moleste en tratar de explicarme o justificar tanto dolor esgrimiendo versículos y profecías de dudosa interpretación.
Simplemente no lo puedo digerir. La violencia me repugna, cualquiera sea el bando que la ejerza.
Y el dolor no es provocado solamente por la visión de tanta destrucción y tanta muerte. Creo que ese es un dolor básico y elemental que debe sentir cualquiera que se considere ser humano.
Pero hay otra clase de dolor, un dolor que siento como cristiana cuando pienso en tantos que están muriendo sin Cristo; tanto israelitas como palestinos. Es por esta razón que no alcanzo a entender cómo hay cristianos que se esmeran en explicar, justificar y avalar la guerra.
¿Se corresponde eso con el espíritu del Príncipe de Paz?
¿No murió Cristo por los judíos tanto como por los árabes?
No soy teóloga, supongo que habrá muchos dispuestos a disipar mi ignorancia haciendo uso de su "iluminación" y su sapiencia. Otra vez les ruego: absténganse.
He recibido en los últimos días multitud de mails donde prácticamente se hace apología de la violencia; tanto a favor de un bando como de otro.
De ahora en más procederé a borrarlos.
Algunos me acusarán de ingénua, otros de ignorante, de antisemita o vaya uno a saber de qué.
Por eso aclaro que mi postura es, o al menos intenta serlo, neutral; porque creo que como cristiana no puedo estar a favor de ninguno que abogue por la violencia; no importa qué argumentos use para justificarla.
Estoy a favor de la vida. Estoy a favor de la paz. Y esa es mi oración.
Si estoy equivocada, que el Señor me juzgue.
Y que Él tenga misericordia de todos nosotros.