
24 febrero, 2008
Libertad

23 febrero, 2008
En Bosque Alegre

DE DIA, EN EL PLANEO DE UN PAJARO.
DE NOCHE, EN LA LUZ DE ALGUNA ESTRELLA.
A LO LARGO DE LA VIDA, EN NUESTROS CORAZONES.
FOTO SACADA DESDE EL OBSERVATORIO DE BOSQUE ALEGRE.
13 febrero, 2008
Encuentro

Con el alma curtida de fracasos
me topé con tu amor
y no pude creerlo.
Allí estaba,
a la vuelta de mis desengaños.
¿Será real?
¿Existirá una entrega tan completa,
absoluta y sin condiciones?
¡Si lograra traspasar
los muros de la desconfianza,
y pudiera enterrar el miedo
para poder abrazarte!
Sobrevivir sin tele

Más o menos por esa época el más pequeño de la casa se enfermó. Una de esas dolencias comunes de la infancia, pero el diagnóstico era contundente. Cama. ¡Dios mío! La reciente tristeza se convirtió, en un instante, en pánico. ¿Cómo se entretiene a un inquieto de nueve años? ¿Cómo llenar horas y horas de aburrido y forzado reposo sin la posibilidad de ver los “dibus”? Debimos recurrir a todo un arsenal de propuestas alternativas.
Entonces recurrí a otra estrategia, por cierto difícil en esta era de lo visual copada por los multimedia. Recurrí a mi vieja biblioteca. Sí, esa de la colección de nuestra infancia, la de las tapas duras, amarillas. Los pobres libros, viejos y olvidados, ya tienen las hojas tan amarillas como las tapas, si es que aún conservan alguna. Pero, así y todo, ejercieron un influjo especial.
Al principio hubo un poco de resistencia. Leelos -le dije- y vas a ver que cuando te metas en la historia, lo que puedas imaginar superará lo que cualquier vídeo te pueda mostrar.
Poco a poco fueron prendiendo como un reguero de pólvora. Empezó a funcionar el “boca a boca” y ya los más grandes también se entusiasmaron hasta el punto de pelearse por quien leía primero tal o cual historia.
En definitiva, el saldo es bueno. Hoy tenemos otro ejemplar cuadrado de pantalla brillante, pero creo que la experiencia de vivir sin el tele nos ha dejado algunas enseñanzas importantes. Porque en este tiempo aprendimos a conocernos mejor como familia. ¡Si casi había llegado a creer que mis hijos eran unos frisos egipcios, siempre de perfil!
(Escrito en Julio de 1998)
07 febrero, 2008
Luz

Juan 8:12
Vos sos mi guía y mi sustentador, el que me conduce por el rumbo correcto, por el camino que lleva directamente a tu presencia.
Las dudas, la ansiedad, el temor son como densos nubarrones que ocultan el camino, lo confunden, nublan la visión, detienen.
Pero tu presencia es el viento que sopla y barre esas nubes, esfuma esa oscuridad para que pueda ver la luz que señala claramente la dirección a seguir.
Si miro hacia delante solo parece haber signos de interrogación. Nada parece estar definido.
Al menos eso es lo que mis ojos ven, mis ojos naturales.
Pero tu presencia trae claridad sobre el hecho de que, para vos, no hay incertidumbres, no hay indefiniciones.
Hay un propósito que va a cumplirse y puedo descansar en que vos sabés exactamente cómo.
Por años me acostumbré a relativas “seguridades”, pero esas “seguridades” eran las que me mantenían en cautiverio.
Ahora voy por el desierto y no sé para qué lado queda mi tierra prometida. A menos que fije mi mirada en la columna de fuego que va mostrándome la ruta.
Conducí mi vida hasta la tierra de la promesa que es mi heredad.